En el siglo primero, en los primeros años nuestra era, estoy seguro que pocos auguraron éxitos al APÓSTOL PABLO en su misión de convertir a los romanos, a los gentiles o a pueblos paganos al cristianismo, mas recientemente en el 1844 pocos dominicanos creyeron en la impronta iniciada por ingentes y visionarios DUARTE, SÁNCHEZ, MELLA o LUPERON.

Santiago y el Cibao han jugado roles trascendentes en la construcción de nuestra historia patria. Poco se reconoce los aportes de prohombres cibaeños que han protagonizado eventos que han pautado la ruptura del estado de cosas anormales en momentos cruciales de nuestra historia republicana, verbigracia los visionarios Santiagueros que en la época de la anexión se atrevieron a redactar una constitución o los revolucionarios de las décadas del 1870 hasta 1890, sin obviar que sin 30 de marzo no hubiese sido sostenible la independencia, amén del rol de los Santiagueros restauradores.

Hoy la realidad es otra, nuestro país consta de una grande densidad poblacional pero con mucho menos analfabetos, una juventud pujante que se prepara decididamente para afrontar el futuro con éxitos, además es evidente que nuestro pueblo comienza a tomar conciencia de los riegos que atentan contra tal aspiración.

La partidocracia, la corrupción, la injusticia social, la ausencia de un estado de derecho, las instituciones subyugadas al personalismo, la negación de justicia, la no justa redistribución de riquezas, la indiferencia oficial ante la incompetencia y quiebra del parque productivo nacional, la destrucción inmisericorde de los recursos naturales renovables y no renovables, así como la rampante e irresponsable indiferencia ante el deterioro de nuestro medio ambiente, a lo que se suman el permanente contubernio de sectores de poder, verificándose que los anti valores se han apoderado de la Nación, a lo que no escapa la clase política.

La situación pinta un escenario sombrío y desesperanzador, agravado en la contradicción que se conjuga en casi la totalidad de los dominicanos y dominicanas, quienes a pesar de su nivel de conciencia y repudio al estado de cosas, nuestro pueblo manifiesta conformismo.

Pero no todo está perdido, de nuevo un Santiaguero de estirpe patriótica ha sido iluminado por la providencia Divina, Eduardo Estrella nos devuelve la esperanza al dar un paso al frente, sin miedos, creíble, trazando la via integradora de un verdadero cambio, con el principal merito de atreverse a romper amarras con el tradicionalismo.

Realmente además del pesimismo hay que vencer los presagios de innúmeras adversidades aparentemente razonables, sin temer pero procurando evitar que se imponga la cultura de los innegables fracasos de intentos recientes en procura de una alternativa.

El país demanda de un cambio, el estado de cosas actual resulta insostenible, la mayoría del pueblo dominicano apuesta a un futuro mejor, demanda que la clase política procure hacer mejoras sostenibles en nuestra calidad de vida, por cuanto no seremos indiferentes y acompañaremos a Eduardo Estrella dando un paso al para seguirle en esta misión histórica.

Entiendo y respeto las razones de quienes hoy asumen la vanguardia de la generación que muere, pero, consciente de los riesgos, convencido de que el balance del costo político será positivo, prefiero ponerme a la retaguardia de la generación que nace e invito a mis conciudadanos a perder el temor, a convertirse en entes protagonistas de la historia, a convertirse en dominicanos por el cambio.