Hace unos 20 años en compañía de karatecas japoneses visité Dajabón, entonces conocí de la existencia de las pirámides, sin mucha profundidad entendí que estas eran estructuras que delimitan nuestra frontera terrestre.

Nuestra frontera que no es natural nos obliga a compartir con Haití montañas y valles, por lo cual convencionalmente ésta fue definida por 313 pirámides, número no agradable en la idiosincrasia dominicana. Sus extremos Norte y Sur se localizan en las desembocaduras de los ríos Dajabón y Pedernales respectivamente.

Recientemente visitamos a Dajabón en una misión oficial que procuraba buscar solución a un extraño y muy sospechoso enfrentamiento entre funcionarios electos de esa provincia vs. la flamante unidad militar denominada CESFRONT, fuerza especializada que procura poner orden al amplio menú de corrupción que abate a toda la sociedad fronteriza y se extrapola a toda la sociedad dominicana.

Esta última visita nos permitió conocer un gran militar, de condiciones y relaciones humanas insuperables, con un gran nivel como profesional, esto es el Generala Adriano Silverio Rodriguez.

Luego de embebernos en el conflicto, en función de su naturaleza y por lo que no ha salido a la luz pública, me atreví a adelantar como conclusión que había resultado en suerte de los envueltos en el conflicto que en ese momento estuviera al frente del CESFRONT el General Silverio.

Albergo la esperanza que un militar como Silverio pueda casarse con la gloria destapando toda esa podredumbre, poniendo en orden la frontera, ya que pude confirmar que en el conflicto se esconden eventos, contubernios, intereses y maniobras corruptas que deben trascender a la opinión pública.

Sin embargo de todo lo allí tratado con la sociedad civil, religiosa, militar y gubernamental dos temas me llamaron poderosamente la atención:

El primero lo fue la denuncia hecha allí por un pastor evangélico respecto de la destrucción sistemática de las pirámides que marcan nuestros límites fronterizos, con el agravante de que tal denuncia paso inadvertida; el segundo tema, consecuentemente, es una interrogante que me atormenta, ¿si el Ejercito Dominicano ha fallado en su misión y su razón de ser?, respecto de este tema prefiero posponer el análisis de mi tesis.

Respecto del primero, advierto no puede ser inobservada en el país la acción evidentemente deliberada de destruir las pirámides que delimitan nuestra frontera terrestre, lo cual además debe ser interpretado como un atentado contra la nación.

Los testimonios en la región fronteriza delatan cuatro elementos envueltos en la responsabilidad de esta acción mal sana que solo en República Dominicana pasa inadvertida: la delincuencia común haitiana, los cuatreros, el narcotráfico y los menos dicen que es una acción con matices y participación de sectores recalcitrantes enquistados en oficialismo.

Es procedente recordar que en el 2005 mediante el decreto 298-05 se designó una comisión encargada de la relocalización y reconstrucción de las pirámides fronterizas que divide la República Dominicana con Haití.

¿Sabe el país de la labor desarrollada por de esta Comisión adscripta a la Cancillería?, pero ¿cuál es el rol del Ejercito Nacional Dominicano?

¿qué hacen los concejos de desarrollo en las provincias de la frontera?

Apostamos a la paz entre nuestros pueblos, pero advertimos que esta actitud irresponsable de indiferencia derivará en un CRIMEN HISTÓRICO, que no nos perdonaran generaciones posteriores.